Personajes infantiles de Gutiérrez Nájera
Con Gutiérrez Nájera todos los personajes infantiles parecen dañados por tragedias o maltratos. Niños que padecerán desgracias sin poder gozar de una vida feliz —enfermos, huérfanos o cuyos padres no estuvieron cuando los requerían—.
Analizo
el tema que prevalece en los cuentos —“La balada de Año Nuevo”, “La mañana de
San Juan” y “La hija del aire”—, así como un ejemplo de un rasgo también
interesante en estos niños: son rubios y de tez blanca; y por último una figura
retórica en donde Gutiérrez Nájera une la belleza con el suceso dramático: la
infancia perdida.
“La
balada de Año Nuevo”
En
“La balada de Año Nuevo”: Bebé
morirá por enfermedad, en “La
mañana de San Juan”: Carlos morirá ahogado y en la "Hija del
aire": ésta —sin nombre— seguirá su martirio circense incierto.
Conoceremos
desde el inicio el final del cuento “La
balada de Año Nuevo” cuando el narrador nos plantea una escena
reveladora: la madre de Bebé declara: "Sus manecitas están frías como dos
témpanos de hielo… Bebé está malo… Bebé está muy malo… Bebé se va a morir".
(p. 2)
Bebé agoniza ante la impotencia
de sus padres y uno como lector se conmueve ante esta situación. No sabemos de
qué está enfermo ni cuando contrajo la enfermedad, el narrador sólo nos da
detalles que intensifican el deterioro del estado de la salud de Bebé como su cara
blanca, labios pálidos y marchitos, venas azulosas en sus sienes:
“Su cara, antes
tan halagüeña y sonrosada, está más blanca y transparente que la cera: en sus
sienes se perfila la red azulosa de las venas. Sus labios están pálidos,
marchitos, despellejados por la enfermedad”. (pp. 1-2)
El narrador nos presenta el amor y
el dolor de la madre que cuestiona el conocimiento de los doctores, esa
impotencia de no poder hacer nada:
“¿Qué han hecho tantos hombres,
tantos sabios, si no saben ahorrar este dolor al corazón, si no pueden salvar
la vida de un niño, a un ser que no ha hecho mal a nadie, no ofende a ninguno,
que es la sonrisa, y es la luz, y es el perfume de casa”? (p. 2)
Atrae,
además, la atención que todos los niños de Gutiérrez Nájera son rubios y de tez
blanca. "Llega, mira la cara del doctor y las manos enclavijadas de la
madre; pero se tranquiliza: el ángel rubio duerme
aún en su cuna”. (p. 4)
Figura retórica. (Metáfora)
"Sus cabellos rubios le forman como la
aureola de un santito." (p. 3)
Finaliza el cuento de Gutiérrez
Nájera, con el contraste de la escena trágica en la cual Bebé muere y el dolor
de sus padres, y por otro lado dos niños que ríen y cantan por la calle por el
festejo del Año Nuevo.
“Vuelve a cerrarlos…
¡Ay! Bebé ya no habla, ya no mira, ya no se queja, ya no tose: ¡ya está muerto!
Dos niños pasan
riendo y cantando por la calle:
—¡Mi Año Nuevo! ¡Mi
Año Nuevo! (p. 6)
“La mañana de San Juan”
En “La mañana de San
Juan”, el autor nos muestra la tragedia de dos hermanos: Gabriel y Carlos, los
cuales salen a jugar sin el permiso de su madre enferma. Carlos morirá al caer en
la presa por querer ayudar a recuperar el barquito de papel de su hermano
pequeño Gabriel. Los niños en este relato se encuentran indefensos,
desesperados y sin apoyo de un adulto debido a que todos están en la
celebración de la festividad de San Juan. La tragedia es inevitable pese a
todos sus esfuerzos.
“Gabriel soltó a correr en
dirección de caserío, tropezando, cayendo sobre las piedras que lo herían. No
digamos ya más: cuando el cuerpo de Carlos se encontró, ya estaba frío, tan
frío, que la madre, al besarlo, quedó muerto. ¡Oh mañanita de San Juan! ¡Tu
blanco traje de novia tiene también manchas de sangre!.” (p. 6)
Aquí
también los niños son rubios: “Gabriel estaba rojo y sus manos sudaban,
apretando la blanca manecita del hermano." (p. 5) “Ya se abren las aguas,
como se abre la muchedumbre en procesión cuando la Hostia pasa. Ya se cierran y
sólo queda por un segundo, sobre la onda azul un bucle lacio de cabellos rubios”.
(p. 6)
Figura retórica. (Metáfora)
“El cielo está muy limpio, como si los ángeles lo hubieran lavado por la
mañana; llovió anoche, y todavía cuelgan de las ramas brazaletes de rocío que
se evaporan luego que el sol brilla, como los sueños luego que amanece.” (p. 1)
“La hija del
aire”
Gutiérrez Nájera
no se queda sólo con las descripciones suntuosas de obras teatrales o paisajes,
también nos muestra en sus escritos la desigualdad social presentando niños que
viven en condiciones de pobreza extrema y de explotación laboral. Señala en “La
hija del aire”: “[…] lo que subleva más mis sentimientos es la indigna
explotación de los niños”. (p. 2)
El
cuento “La hija del aire” es una crítica a la
explotación de niños. Dice el narrador: “Es una niña. Sus delgados bracitos van
tal vez a quebrarse; su cuello va a troncharse y la cabeza
rubia caerá al suelo, como un lirio cuyo delgado tallo tronchó el
viento. ¿Cuántos años tiene? ¡Ay!, ¡es casi imposible leer la cifra del tiempo
en esa frente pálida, en esos ojos mortecinos, en ese cuerpo adrede deformado!
Parece que esos niños nacen viejos. (p. 2)
Es
“la hija del dolor y de la tristeza” (p. 3) que representa a las niñas inocentes
e indefensas, y que sólo pueden descansar en “la fosa común del camposanto” (p.
4). Esta niña huérfana que ni nombre tiene representa a todos los niños que se
ven obligados a trabajar desde muy temprana edad para sobrevivir y que pierden
su niñez. Queda manifiesto en este texto el abuso y la explotación de los
niños.
El cronista-literato-periodista
que rinde culto a lo moderno y nuevo expresa también una crítica a los pasajes de la situación social que vivían las clases bajas
para concientizar a su público lector.
También aquí
la protagonista, la hija del aire es una niña rubia: “A ratos, sólo alcanzo a
ver una flotante cabellera rubia, suelta, como la de Ofelia, que da vueltas y
vueltas en el aire”. (p. 2)
Figura
retórica. (Metáfora) “Ya se
encarama a los barrotes del trapecio, ya comienza el suplicio. Aquel cuerpo
pequeño se descoyunta y se retuerce, gira como rehilete, se cuelga de la
delgada punta de los pies y, por un milagro de equilibrio, se sostiene en el
aire, detenido por los talones diminutos que se pegan a la barra movediza. (p.
2)
Si
bien vemos a un Gutiérrez Nájera que nos plantea paisajes o niños blancos y rubios (estereotipos de
niños bonitos), también es cierto que vemos en su obra la parte oscura y
triste, y en ocasiones la voz del narrador en una crítica abierta hacia esas
situaciones que presencia en su época. No es un autor indiferente ante las
cuestiones sociales.

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