La narrativa de Manuel Gutiérrez Nájera...
En este escrito abordaré dos novelas cortas: Las aventuras de Manon y Por donde se sube al cielo de Manuel Gutiérrez Nájera con el objetivo de comparar y contrastarlas, entendiendo a éstas como narraciones de menor extensión y menor desarrollo de la trama y personajes que una novela —aunque sin la economía y recursos propios del cuento—. En lo esencial tienen las mismas características de la novela, pero de manera concentrada y resumida.
En Las aventuras de Manon tenemos un
triángulo amoroso entre Manon, Carlos y Susana. La historia se ubica en la
Ciudad de México y narra las aventuras de la comedianta Manon que se convertirá
en la amante de Carlos, esposo de Susana. Ésta, humillada por la situación, se
enfrentará contra Manon con un desenlace fatal.
Mientras
que en Por donde se sube al cielo también
tenemos un triángulo amoroso entre Magda, Raúl y Carlos Provot. La historia se
desarrolla en París y narra los amores de la joven Magda, una comedianta del
teatro francés a mediados del siglo xix,
con Raúl —un joven provinciano—y Carlos Provot —un senador—. Su final es abierto,
en el cual cada lector puede elegir su propio desenlace.
Ambas novelas comparten diversas similitudes
y presentan una constante: las mujeres como protagonistas con un
rol diferente al establecido en esa época. A finales del siglo xix era común ver a la mujer como
responsable de cuidar la casa y familia; y, en el caso, de estar sola preservar
su moralidad y trabajar de “manera honrada”.
Magda al quedar huérfana se ve obligada a trabajar
como costurera, oficio que es mal remunerado: “El mezquino salario que ganaba
apenas era suficiente para cubrir sus necesidades más imprescindibles. Cada
tela de seda que cosía, cada sombrero de paja florentina que adornaba, le
decían esas palabras misteriosas que Margarita oyó salir del cofre lleno de
brillantes”. (p. 171)
En el caso de Manon vemos que se ha visto obligada a
viajar constantemente: “Y nosotras nos dirigimos al dinero, como la aguja
imantada señala el Polo”. (p. 12)
Magda y Manon pertenecen a ese grupo conflictivo que no son las mujeres frágiles del xix, ni llegan a ser mujeres fatales;
están en el punto intermedio de mujeres que trabajan en el teatro —llamado
comediantas y lo hacen para subsistir—. Ambas han enfrentado circunstancias adversas
en su pasado que las ha orillado a estar en la situación y lugar donde se
encuentran.
Las
aventuras de Manon: “Desengáñese usted, tenemos que salir de
París como abandonan las ratas un barco que naufraga”. (p. 12)
Por donde se sube al cielo: “Magda,
pues, vivía indefensa. Las inclinaciones heredadas y las costumbres contraídas
la empujaban al abismo”. (p. 171)
Las dos protagonistas son mujeres que han
remontado dificultades hasta llegar a ser comediantas y que además se han
instruido en el arte siendo además asiduas a la ópera, el
teatro, los paseos y las fiestas. Magda es una comedianta que, además de sus
representaciones teatrales, interpreta en el interior de su habitación a Weber,
Offenbach, Hervé, Chopin y Strauss.
El Freischütz de Weber aparece
austero y grave entre dos operetas de Offenbach y una cuadrilla de Hervé. Los
nocturnos lamartinianos codean el ágil cuerpo de las mazurkas de Chopin,
y un vals de Strauss asoma su cabeza rubia y sus hombros de rafaélica blancura
entre las desnudeces cínicas y la sangre vinosa de La gran duquesa. (p.
161)
Y, por su parte, Manon es trilingüe, ávida lectora y escribe a
diario los sucesos y percances de su vida.
Al trabajar como comediantas son
vistas y abordadas por los hombres como objetos para distraerse; se
desenvuelven en el escenario con soltura y elijen con quién estar “[…] encontré a la que había llamado mi atención en el ensayo. No cabía
duda alguna: era bonita. La saludé, charlamos breve rato, y cuando la voz del régisseur, colérico, la llamó nuevamente
al escenario, me despedí citándola para el día siguiente”. (p.
8)
Magda y Manon han tenido trabajar para subsistir y enfrentan
las circunstancias que se le presentan, son
mujeres que romperán con las “buenas costumbres”. No son las amas de casa
abnegadas ni discretas. La
madre de Raúl, Madame Lemercier, le señala a Magda: “Una joven debe vestir con
más sencillez; tener el continente reposado de una señorita...”. (p. 214)
Madame Lemercier representa la voz moralizante, le hace ver a Magda que no está
siguiendo las pautas establecidas: las mujeres deben ser discretas y recatadas.
En el caso de Manon, hace lo que sea para subsistir y dice con cinismo: “Aquí,
permítame usted que se lo diga, tengo dos circunstancias a mi favor: la primera
es que las mujeres son honradas, y la segunda, que los ricos son tontos”. (p.
12)
En
ambas historias tenemos una situación conflictiva: uno de los personajes siente
un impulso hacia alguien distinto a su pareja y se encuentra atrapado en un dilema:
romper la relación e intentar una nueva con la tercera persona o, bien,
renunciar al amor por la tercera persona. Así en Las aventuras de Manon, Carlos dejará a Susana para irse con Manon; y en Por donde se sube al cielo Magda dejará a Provot —e incluso a Raúl—
para comenzar de nuevo.
El amor en estas dos novelas cortas se muestra sin
medias tintas como una pasión ardiente que consume a los enamorados “estaba más
prendido que nunca de las astutas redes de la actriz. No obstante, el
desenfreno de su pasión y el brusco escape de su libertinaje durante largo
tiempo comprimido” (p. 24). “Descubierto ya y sin encontrar remedio alguno a su
guerra doméstica, Carlos se consoló con los amores de Manon, entregándose a
ellos libremente.” (p. 27)
Por
donde se sube al cielo:
No te daré ese tibio amor con que soñabas,
pero sí te daré la pasión agitada que devora como el incendio y, también como
los incendios, resplandece. Vivirás como la salamandra: entre las llamas.
Derrochemos en pocos días el capital de amor que hemos atesorado. ¡Ama! ¡Goza!
¡Soy tuya! (p. 221)
También veremos que aparecen los celos, en el caso Por donde se sube al cielo por parte de
Raúl: “¿La habrán besado otros amantes? —pensó él—, ¿por qué no se defiende?,
¿por qué permite que la bese?” […] ¿Has amado otra vez?, ¿te ha besado alguien
como yo te beso? ¡Ah!, dímelo, por Dios, dímelo pronto, que ya me van faltando
fuerzas para oírlo.” (p. 227)
Y en Las
aventuras de Manon de la misma protagonista: “Yo soy más altiva que ella.
Quiero humillarla y ostentar mi triunfo. ¡Es más hermosa que yo! En cambio, tú me
quieres mucho más. ¡Aborrezco a tu esposa, la aborrezco! ¿Por qué nació más
rica y más bonita? (p. 32)
Los personajes experimentan una atracción intensa que
les hace reflexionar, cuestionar o alardear la situación en la que se
encuentran.
Manon dice a Carlos:
—Quiero probar al mundo que la hermosura y
la riqueza nada valen; un parpadeo, un guiño, una sonrisa, me han bastado para
vencer. Deja que lo sepa todo el mundo [su relación]. Lo saben muchos hombres,
tus amigos, pero yo quiero que lo sepan tus amigas. (p. 32)
Y Magda:
—Soy hermosa —pensaba. ¡Y sospeché que
podría resistirme! ¡Necia de mí! Entraré de puntillas a su cuarto, cubierta
como las mujeres del harem y, poniendo la mano sobre su frente, le diré:
“¡Despierta! Soñabas conmigo; me veías cruzar entre las olas negras de tu sueño
como un cisne blanco. Pues aquí estoy, aquí me tienes, vengo a amarte. Yo no
soy el amor: soy la pasión. Despierta y ama”. (p. 222)
En ambas novelas presenciamos que los personajes se
enamoran y comparten, sólo por un periodo corto, la alegría de estar juntos —Manon
y Carlos; Magda y Raúl— para después enfrentarse a diversos obstáculos —el
hecho de tener pareja, lo que dirá la sociedad, un pasado “cuestionable”— y
personajes que les impiden continuar su relación —Susana y Provot,
respectivamente—; la propia situación de las protagonistas de ser las amantes.
“Si tú no quieres presentarme en público es porque no
me amas. ¡Nada más! O mejor dicho, porque aún la quieres [A Susana]”. (p. 32)
Son mujeres que se saben bellas y usan esa
característica para coquetear y enamorar.
Manon no era hermosa, pero tenía “ese atractivo que es
a la belleza lo que las ostras son a la comida: producto refinado que sólo
gusta a los inapetentes, y eso cuando una larga educación ha dispuesto su
paladar a saborearlo.”
Magda, a su vez, produce un efecto seductor con sus
atuendos y su belleza como “esas muñecas que vienen casi siempre en las cajas
de guantes o sombreros” (p. 32). Es vista, a partir de su apariencia:
A decir verdad, Eugenia deseaba con
impaciencia hacerse amiga de aquella estrella errante desprendida del gran
mundo. La miraba con esa fijeza boba y ese asombro ingenuo con que miran los
pobres una edición de lujo. Y con efecto, Magda era una mujer impresa en papel
Whatman y con cantos de oro. (p. 34)
En ambas novelas Gutiérrez Nájera penetra en el mundo
interno de las protagonistas revelando sus pensamientos y sentimientos.
Hay un monólogo de Magda que describe sus ideas y
pensamientos: “He cometido muchas faltas, pero también las cometía María
Magdalena. Tengo muchas manchas, pero el amor las quita. ¡Santa Virgen, yo
quiero creer en Dios!” (p. 237)
Manon: “Y yo tengo grandes aspiraciones. Quiero ser
reina de alguna parte, aun cuando sea de Mónaco, del valle de Andorra o de
Guatemala.” (p. 12)
También Susana se habla a sí misma: —Vamos —decía en
voz alta—, ¿soy hermosa? Los cronistas lo han dicho muchas veces. Mis rendidos
enamorados lo repetían a cada instante: ¡Soy la reina! Los hoyuelos de mis
brazos mórbidos se ríen de los otros brazos. (p. 33)
Tenemos también dos finales que comparten similitudes
—terminan abruptamente su relación de felicidad: Manon-Carlos, Magda-Raúl—. Y,
a la vez, ambos finales contrastan porque mientras en uno tenemos un final
trágico con la muerte de Susana, la ruina de Manon y Carlos; por otro lado,
tenemos un final esperanzador en donde si bien Magda no puede continuar su
relación con Raúl decide terminar con Provot, librarse de su pasado para
iniciarse al amor. Magda abandonará su vida parisiense para emprender su vida
nueva de soledad y redención a través del sacrificio de su amor por Raúl.
Tenemos así un final contundente en Las aventuras de Manon: Susana se
escabulle hasta el cuarto de Manon en donde se enfrenta contra ésta y pierde la
vida. Carlos se recluye en una hacienda y Manon cae en la ruina quedándose
sola.
En Por donde se
sube al cielo Magda renuncia al teatro, a sus amantes, a su riqueza, y
conservará sólo su dedal de oro, “aquella humilde joya, honrada, la iba a
acompañar en su vida nueva e iba a ser su escudo de combate”. (p. 264)
Este detalle del dedal nos proporciona a nosotros como
lectores la posibilidad de elección, y se crea así una relación entre autor-lector
en donde a la sugerencia propuesta por el autor, el lector aplicará su libertad
interpretativa.
El narrador menciona que Magda inicia con su
transformación; queda a nuestra interpretación si ella logra un cambio de vida;
si regresa a su vida como costurera, si logra ser olvidada en los círculos
cortesanos; si Raúl se entera o no de su pasado, si Raúl y Magda cumplen la
promesa de reencontrarse; si Magda llega a redimirse por amor y se casa con Raúl…
Tenemos pues en estas dos novelas cortas una similitud
de características entre las protagonistas y situaciones, así como el uso del
monólogo interior como recurso del autor para enfatizar los pensamientos y
sentimientos de los personajes; y, en el caso de Por donde se sube al cielo, contamos con la novedad de un final de
opciones múltiples en donde el narrador sugiere, y el lector decide…
Referencias
Gutiérrez N. M. Por
donde se sube al cielo. Editor Manuel Caballero. PDF.
Gutiérrez N. M. Aventuras
de Manon. Recuerdos de ópera bufa. PDF.

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