Medio maratón Guadalajara Electrolit 2019
Este 24 de febrero tuve la dicha de participar en el medio maratón Electrolit Guadalajara que recibió la más alta distinción con la etiqueta de oro por parte de la Asociación Internacional de Federaciones de Atletismo (IAAF, por sus siglas en inglés), posicionándolo como uno de los mejores 50 carreras a nivel mundial.
Sábado 23
Salí muy temprano rumbo a Guadalajara y me encontré con Wen en el aeropuerto quien rentó un auto para poder movernos por la ciudad. Acudimos a la Expo Guadalajara a recoger el paquete de carrera. Luego salimos a almorzar a La Chata, un restaurante que desde 1942 es parte de la tradición tapatía y recibió ese nombre por la señora Carmen Castorena Vázquez "La Chata". A mí se me antojó el platillo Jalisciense que consiste en 1/4 de pollo frito, un sope, una enchilada, una flauta, papas fritas y ensalada verde... ¿y la dieta?
La siguiente parada fue ir a dejar las cosas en el hotel que quedó cerca de la salida y meta del medio maratón. Luego fuimos a saludar a la Tuly que está en Zapopan (lugar de zapotes) con una visita exprés a su casa y aprovechar dar una vuelta por la basílica, sus calles, el arco de ingreso a Zapopan, la Plaza de las Américas. ¡Bonito!
De allí al Centro Histórico de Guadalajara a conocer la catedral y aunque ya encontramos cerrado el Hospicio Cabañas llegamos hasta sus puertas. Cenar en un restaurante con música mexicana en piano y disfrutando las jericayas.
Domingo 24
Nerviosa... no entrené como debería y para colmo tengo varios kilos de más que no ayudan en lo absoluto. Se da la salida puntual entre videos motivadores, porras y juegos artificiales. Allí voy, despacito... diciéndome que debí haber entrenado más y que ahora me aplique con lo que llevo... sí, eso me digo y voy a pasito...
En el kilómetro 2 (o sea apenas al inicio) me surge la idea de abandonar. Son 12 pasitos en los que voy con esta absurda idea cuando me cae el veinte de que debo concentrarme y hacer el medio maratón lo mejor posible con lo que llevo. Ahora sí, mi objetivo es cruzar la meta en un tiempo no tan arriba. ¡Voy, voy! Las porras y música durante toda la ruta me llenan de energía. Llego a la meta: 2:15... me siento contenta pese al tiempo por haberlo concluido.
De allí veo otra vez a la Tuly y a sus papás y nos llevan al hotel y luego de allí ir a almorzar a los Chilaquiles (a menos que lleven muchísima hambre les recomiendo los molletes de chilaquiles, son una bomba). ¡Adiós Tuly!
Siguiente parada Cofradía. Hacemos el recorrido para conocer cómo se obtiene y elabora el tequila. Lo probamos y comemos por allá en su restaurante que tiene un estilo pintoresco.
Finalmente de regreso.
Lo del siguiente día es mi coco: perdí el vuelo de regreso... ¡Pilas!
Y bueno, más que una crónica del maratón es un recuento de lo que hice en mi estancia en Guadalajara. Hace cinco años andaba por allá con mi madre quien disfrutó cada paseo y estaba encantada. En noviembre espero regresar, ahora sí mejor preparada y con mi peso normal.
Sábado 23
Salí muy temprano rumbo a Guadalajara y me encontré con Wen en el aeropuerto quien rentó un auto para poder movernos por la ciudad. Acudimos a la Expo Guadalajara a recoger el paquete de carrera. Luego salimos a almorzar a La Chata, un restaurante que desde 1942 es parte de la tradición tapatía y recibió ese nombre por la señora Carmen Castorena Vázquez "La Chata". A mí se me antojó el platillo Jalisciense que consiste en 1/4 de pollo frito, un sope, una enchilada, una flauta, papas fritas y ensalada verde... ¿y la dieta?
La siguiente parada fue ir a dejar las cosas en el hotel que quedó cerca de la salida y meta del medio maratón. Luego fuimos a saludar a la Tuly que está en Zapopan (lugar de zapotes) con una visita exprés a su casa y aprovechar dar una vuelta por la basílica, sus calles, el arco de ingreso a Zapopan, la Plaza de las Américas. ¡Bonito!
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| Basílica de Zapopan |
De allí al Centro Histórico de Guadalajara a conocer la catedral y aunque ya encontramos cerrado el Hospicio Cabañas llegamos hasta sus puertas. Cenar en un restaurante con música mexicana en piano y disfrutando las jericayas.
Domingo 24
Nerviosa... no entrené como debería y para colmo tengo varios kilos de más que no ayudan en lo absoluto. Se da la salida puntual entre videos motivadores, porras y juegos artificiales. Allí voy, despacito... diciéndome que debí haber entrenado más y que ahora me aplique con lo que llevo... sí, eso me digo y voy a pasito...
En el kilómetro 2 (o sea apenas al inicio) me surge la idea de abandonar. Son 12 pasitos en los que voy con esta absurda idea cuando me cae el veinte de que debo concentrarme y hacer el medio maratón lo mejor posible con lo que llevo. Ahora sí, mi objetivo es cruzar la meta en un tiempo no tan arriba. ¡Voy, voy! Las porras y música durante toda la ruta me llenan de energía. Llego a la meta: 2:15... me siento contenta pese al tiempo por haberlo concluido.
De allí veo otra vez a la Tuly y a sus papás y nos llevan al hotel y luego de allí ir a almorzar a los Chilaquiles (a menos que lleven muchísima hambre les recomiendo los molletes de chilaquiles, son una bomba). ¡Adiós Tuly!
Siguiente parada Cofradía. Hacemos el recorrido para conocer cómo se obtiene y elabora el tequila. Lo probamos y comemos por allá en su restaurante que tiene un estilo pintoresco.
Finalmente de regreso.
Lo del siguiente día es mi coco: perdí el vuelo de regreso... ¡Pilas!
Y bueno, más que una crónica del maratón es un recuento de lo que hice en mi estancia en Guadalajara. Hace cinco años andaba por allá con mi madre quien disfrutó cada paseo y estaba encantada. En noviembre espero regresar, ahora sí mejor preparada y con mi peso normal.






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