Y, ¿después del maratón?
Copio en este espacio un texto que nos regaló Eddy García a los que corrimos el maratón de la Ciudad de México.
Y entonces no pude hablarte…
Estaba al igual que tú: impaciente y nervioso, justo como la primera vez.
En los días previos, primero en mi mente había yo formado frases y enunciados que te quería decir justo ese día, antes de que sonará el balazo de salida. Mi “choro mareador” cuyo propósito es estimular y hacerte ver cosas de gran valía que tienes y no sabes ver en ti, o quizá las veas, pero poco te las reconoces.
Pero no, el tiempo pasó entre fotos, saludos, abrazos, presentaciones con los coequiperos de Guanajuato, otra foto grupal e ir a los corrales. En mi garganta se atrancó el cúmulo de sentires y pesares de más de un año en recuperación, así que únicamente recibiste de mi parte una rutina de calentamiento.
Ya he podido procesar (o eso creo) lo acontecido en los 84,390 metros recorridos durante agosto y primero que nada me disculpo contigo, porque sí te merecías unas palabras de aliento que no te pude decir y, en un acto egoísta, preferí no decir nada a que me vieras y escucharas con voz quebrada.
Así que hoy con toda certeza y claridad te puedo decir que acabas de vivir una gran experiencia y es grande porque tú has querido que así lo sea.
Siempre, será lo que tenga que ser y con toda gallardía te digo: Firme y digno; ¿miedo?, ni a la muerte… ¿Qué transa, nos vemos en el Maratón de la Ciudad de México 2018?
Y entonces no pude hablarte…
Estaba al igual que tú: impaciente y nervioso, justo como la primera vez.
En los días previos, primero en mi mente había yo formado frases y enunciados que te quería decir justo ese día, antes de que sonará el balazo de salida. Mi “choro mareador” cuyo propósito es estimular y hacerte ver cosas de gran valía que tienes y no sabes ver en ti, o quizá las veas, pero poco te las reconoces.
Pero no, el tiempo pasó entre fotos, saludos, abrazos, presentaciones con los coequiperos de Guanajuato, otra foto grupal e ir a los corrales. En mi garganta se atrancó el cúmulo de sentires y pesares de más de un año en recuperación, así que únicamente recibiste de mi parte una rutina de calentamiento.
Ya he podido procesar (o eso creo) lo acontecido en los 84,390 metros recorridos durante agosto y primero que nada me disculpo contigo, porque sí te merecías unas palabras de aliento que no te pude decir y, en un acto egoísta, preferí no decir nada a que me vieras y escucharas con voz quebrada.
Así que hoy con toda certeza y claridad te puedo decir que acabas de vivir una gran experiencia y es grande porque tú has querido que así lo sea.
Las razones del porqué
decidiste hacerlo te pertenecen, los digas o no, de lo que estoy seguro es que
eres de espíritu guerrero y ello detonó en que hayas querido y deseado correr
un maratón.
En
la mayoría, he sido testigo de tu aprendizaje, de tu empeño, de las ganas y del
sentimiento que has puesto en cada uno de tus entrenamientos y competencias en
las que participaste mientras duró el proceso de preparación.
Llegó
la fecha y para mí, junto con Pedro (sin temor a equivocarme), ha sido un gran
honor poder compartir todo este tiempo de charlas y entrenamientos, donde además
te vi con incertidumbres, miedos, sonrisas cansadas, pero sobre todo, con enjundia.
No tengo manera de pagarte que me hayas concedido parte de tu confianza, de
verdad me siento muy orgulloso de ello.
En
retrospectiva, ahora que has cruzado la meta, sabes de qué estás hecho,
resistes, aguantas, aceleras, frenas, te caes, te levantas, te mantienes en el
camino; lo mejor de la vida lo tenemos tan a la mano que no lo vemos: ¡ello está
en ti!
El
domingo 27 de agosto con cada paso que diste, forjaste una nueva muralla que te
blindó, cada zancada te fortaleció, porque correr va más allá de ganar una competencia,
correr te va a dar la oportunidad de poner nuevos límites a tu mente y corazón.
Definitivamente
ya no eres el mismo, la vida te dio la oportunidad de demostrar de que estás
hecho, la tomaste y encaraste como ninguno, nunca olvides tu momento de gloria,
disfrútalo, siéntelo, porque fue justo cuando cruzaste la meta que conseguiste
tu victoria, tú la trabajaste, te pertenece, nadie te ha regalado nada, lo
ganaste, literal, haciendo camino al andar y con el sudor de tu frente.
Hoy
en día eres más grande en voluntad, fuerza, valor, coraje y disciplina que el
más grande de tus miedos, en ti ya no cabe la duda de saber si logras equis o
ye cosa.
Por
supuesto que durante el proceso pudiste haber decidido no hacerlo, es más,
estoy seguro que al menos una vez pensaste en abandonar y te soy sincero, a eso
se le llama fracaso, porque justo eso es, fracasa aquel que no se atreve. Te
atreviste: ¡ya ganaste!
Desde
que fuiste concebido, quiero que recuerdes dos cosas: la primera, fuiste el
óvulo más fuerte y resistente de tu madre y, la segunda, fuiste el
espermatozoide más veloz de tu padre. Fuiste concebido como un ganador.
Y
entonces no pude hablarte, pero fue un honor haber compartido contigo la ruta: “Nos
vimos donde siempre... ¡En la meta!”
¡Muchas
felicidades maratonista!
Pd.
El 2016 me regaló la maravillosa oportunidad de vivir el maratón desde otra
trinchera, la de arengar, vitorear, aplaudir, asistir y un montón de cosas más
en la maravillosa porra que se monta por parte del equipo. Sin duda es una
experiencia muy grata, además de muy cansada (en serio, muy), sin embargo no
cambio por nada el ser porra móvil y dentro de la ruta regalarte un: “¡Venga!”,
“¡Dale cabrón, dale!”.
Siempre, será lo que tenga que ser y con toda gallardía te digo: Firme y digno; ¿miedo?, ni a la muerte… ¿Qué transa, nos vemos en el Maratón de la Ciudad de México 2018?

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