De marmaja y desfachatez



Este año aprendí por la mala la lección de prestar dinero a familiares y amigos. 

Quise apoyar a ese amigo o familiar prestando dinero con las consignas de que: “Te lo pago en dos semanas”, “Tan pronto lo tenga lo primerito será pagarte”… ya me quedó claro que el haber prestado dinero no me hizo mejor persona, esa gente no sólo se tomó el brazo sino ha llegado su cinismo hasta decirme con desdén “yo te pago en cuanto tenga” (¿cuándo será eso? ya pasó más de un año). 

Me ha bastado cobrarles para que se ofendan y me digan toda clase de excusas tontas: “no funcionó el negocio” (¿y ese era mi riesgo?), “hice una nueva inversión” (¡ah ca… ray!, qué falta de visión la mía)... “Es que tú no tienes problemas” (¿no?).

¿Es que acaso no tengo yo otros negocios, inversiones, problemas y más en que emplear mi dinero? 

¡Aprendida la lección! 

Así querido lector, amigo, familiar: absténgase por favor de solicitarme dinero. Bien reza el refrán “cuentas claras amistades largas”.

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