¡Basta de perdición... eso de perderse!
Y cuando creo que ya me la sé de todas, todas, llega la sorpresa y en este caso no ha sido muy grata. ¡No pude concluir el 13avo. Trail El Zarco a La Marquesa de 13 km! ¡Me perdí!
Allí voy: ascendiendo segura por una vereda y como vamos en fila india puedo ir tranquila siguiendo al de enfrente. Luego entroncamos la brecha hacia a Ajolotes (¡sorpresa: esto es La Pila!).
El descenso de la vereda hacia la carretera de Chalma es divertido: al principio voy temerosa de caer y rodar, ya luego el miedo desaparece y mis pasos son firmes esquivando las piedras y hoyos.
... Y allí vamos... luego: ¿dónde están todos? ¿dónde está la señalización? ¡Ya no hay compañeros, ya no hay señalización!
Para mi suerte voy con Mari Márquez quien mantiene la calma y el optimismo. Buscamos el camino señalado y para nuestra mala suerte lo encontramos y lo seguimos pero es el equivocado (de otra carrera). ¡Nos faltaba tan poco!
Y allí vamos siguiendo banderines hasta que de repente desaparecen y frenamos en seco. ¿Hacia dónde? Hay cuatro caminos. Decidimos regresar. Frustración, ¿y mi medalla? Será mi primera carrera inconclusa, será mi primera carrera en la que resbalo y caigo como costal. Tengo que levantarme y sacudir la tierra: ¡hay que regresar!
Descendemos y encontramos una cabañita, tan pronto nos ve el señor que vende antojitos nos pregunta que si estamos perdidas. Nos da instrucciones para regresar. Nos echa porras y nos dice que estamos cerca. Mentira piadosa. De nuevo a subir. Ya no trotamos: vamos paso a pasito tratando de sonreír. En cuanto reconocemos el camino correcto echamos a correr con nuevos bríos. ¡Estamos de regreso!
Nuestros amigos nos reciben con sonrisas y abrazos. ¡Yo soy la más contenta al verlos! Y pese a mi felicidad de llegar sanas y salvas me queda la espinita de mi distracción que hizo que nos perdiéramos y no pudiéramos concluir.
Hoy Lalo Martínez nos da la noticia de que recuperaremos la medalla. Será mi recuerdo de esta experiencia que me deja el aprendizaje de estar atenta a la señalización. La aplicaré en el Rover. ¡Basta de perdición!
Allí voy: ascendiendo segura por una vereda y como vamos en fila india puedo ir tranquila siguiendo al de enfrente. Luego entroncamos la brecha hacia a Ajolotes (¡sorpresa: esto es La Pila!).
El descenso de la vereda hacia la carretera de Chalma es divertido: al principio voy temerosa de caer y rodar, ya luego el miedo desaparece y mis pasos son firmes esquivando las piedras y hoyos.
... Y allí vamos... luego: ¿dónde están todos? ¿dónde está la señalización? ¡Ya no hay compañeros, ya no hay señalización!
Para mi suerte voy con Mari Márquez quien mantiene la calma y el optimismo. Buscamos el camino señalado y para nuestra mala suerte lo encontramos y lo seguimos pero es el equivocado (de otra carrera). ¡Nos faltaba tan poco!
Y allí vamos siguiendo banderines hasta que de repente desaparecen y frenamos en seco. ¿Hacia dónde? Hay cuatro caminos. Decidimos regresar. Frustración, ¿y mi medalla? Será mi primera carrera inconclusa, será mi primera carrera en la que resbalo y caigo como costal. Tengo que levantarme y sacudir la tierra: ¡hay que regresar!
Descendemos y encontramos una cabañita, tan pronto nos ve el señor que vende antojitos nos pregunta que si estamos perdidas. Nos da instrucciones para regresar. Nos echa porras y nos dice que estamos cerca. Mentira piadosa. De nuevo a subir. Ya no trotamos: vamos paso a pasito tratando de sonreír. En cuanto reconocemos el camino correcto echamos a correr con nuevos bríos. ¡Estamos de regreso!
Nuestros amigos nos reciben con sonrisas y abrazos. ¡Yo soy la más contenta al verlos! Y pese a mi felicidad de llegar sanas y salvas me queda la espinita de mi distracción que hizo que nos perdiéramos y no pudiéramos concluir.
Hoy Lalo Martínez nos da la noticia de que recuperaremos la medalla. Será mi recuerdo de esta experiencia que me deja el aprendizaje de estar atenta a la señalización. La aplicaré en el Rover. ¡Basta de perdición!



Comentarios
Publicar un comentario