De celulares y atencíones...
A veces suelo ser quisquillosa, de repente
me enchilo por cosas sin importancia. Pero juzguen ustedes si en estos casos no
hay razón:
Salgo con amistades que no he visto durante
un tiempo considerable y con el deseo de ponerme al día en sus novedades y, a
la vez, contarles cómo me ha ido. La plática inicia flojita y conforme avanza
comienzo a planear las preguntas qué haré cuando me veo interrumpida por quien
me dice: ¡Espera, ahorita me cuentas! Y para mi sorpresa veo que saca su
celular y comienza a tomar no una sino varias fotografías al plato de comida.
¡Uf! Para cuando termina la sesión de fotografías no sólo ya olvidé qué
preguntar sino incluso perdí el apetito.
Trata a los demás como te gustaría que te
traten. No uso el celular cuando estoy con alguien por respeto; si es muy
necesario pido permiso para ausentarme un momento y hacer la llamada; por ello
me molesta que mis interlocutores sin más tomen el celular y comiencen a
realizar llamadas que podrían realizarse sin problema después. ¿O es que
piensan que apantallan a uno?
A mí no me gusta ser interrumpida ni
ignorada, especialmente cuando el objeto de la distracción es un objeto
inanimado y frío como un celular. La nueva tecnología es emocionante y, sin
duda, puede hacer la vida más fácil pero hay que asegurarse de que sea uno
quien está usando el teléfono inteligente y no que el teléfono inteligente
lleve el control.

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