Voy de nuevo...
Edgar tenía razón. A algunos, después de correr nos da el síndrome post-maratón... en mí los síntomas fueron claros: no quería correr. Al menos no mucho.
Al principio lo tomé a la ligera "¿No quiero correr? Bueno, estoy cansada y me han dicho que escuche a mi cuerpo y ahora pide descanso". Para la segunda semana, lo que parecía cansancio se convirtió en indiferencia a la carrera. "¿Correr?"...
Y luego, un buen día (qué sepa por qué a muchos no les gusta): lunes (y aunque dicen que ni las gallinas ponen) se abrieron las inscripciones al medio maratón de la SEDENA y como instinto corro a inscribirme.
... Al otro día pienso ¿qué hice? ¿ya estoy lista para correr? o más aún ¿quiero correr? Caigo en la cuenta de que me aloqué al inscribirme. Como oleada surgen las porras o reproches de compañeros: que no le saque, que no me agüite (palabras más, palabras menos).
Y para no hacer el cuento más largo, en ese instante me doy cuenta de que quiero seguir en esta carrera; la estrategia es sencilla: nunca detenerme y mantener mi paso.
Al principio lo tomé a la ligera "¿No quiero correr? Bueno, estoy cansada y me han dicho que escuche a mi cuerpo y ahora pide descanso". Para la segunda semana, lo que parecía cansancio se convirtió en indiferencia a la carrera. "¿Correr?"...
Y luego, un buen día (qué sepa por qué a muchos no les gusta): lunes (y aunque dicen que ni las gallinas ponen) se abrieron las inscripciones al medio maratón de la SEDENA y como instinto corro a inscribirme.
... Al otro día pienso ¿qué hice? ¿ya estoy lista para correr? o más aún ¿quiero correr? Caigo en la cuenta de que me aloqué al inscribirme. Como oleada surgen las porras o reproches de compañeros: que no le saque, que no me agüite (palabras más, palabras menos).
Y para no hacer el cuento más largo, en ese instante me doy cuenta de que quiero seguir en esta carrera; la estrategia es sencilla: nunca detenerme y mantener mi paso.

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