De ratas...

No cabe duda de que en esta ciudad hay que andar a las vivas. Ayer caminaba tranquila, sin prisa y reflexionando en lo afortunada que he sido durante el 2013 cuando para mi sorpresa vi que un tipo se dirigía hacia mí. El muy descarado aún me llamó amiga y quiso tomarme del hombro pero me le pude escabullir.

Debió ser una rata que apenas inicia sus fechorías porque al oír que grité ¡no! echó a correr. Todavía recuerdo que ocultaba algo en su bolsillo ¡vete a saber qué era pero en el momento que la quiso sacar fue cuando me hice a un lado!... ¿tuve miedo? ¡aún no me la creo!

Lo que sí me queda claro es que debo andar a las vivas... o cuando haya más luz del sol; y sin duda corrí con suerte al regresar sólo con un pequeño susto. ¡Anden con cuidado!

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