Voces interiores (La espera)

Aquí estoy, esperando no sé qué;
quizá que la muerte llegue
muy despacio saludando
con risa fría y fingida,
diciendo con resentimiento:
“He llegado, anda
se hace tarde, vamos”.


Y yo tan feliz y alegre
sonreiré abiertamente,
tomaré aquella mano que se extiende
fría, flaca y huesuda;
la apretaré con la mía
en un apretón duro y fuerte
hasta que ambas se fundan en una.


En una sola mano fría,
pálida y fría que dejará de ser mía,
que ha dejado el movimiento
y ya no vive, ha muerto.

Una mano muerta y fría
que yace quieta, sin movimiento
y bien desearía quitarla;
más su unión es impedimento.

Aquí estoy, esperando no se qué…

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