V. Un mal viaje
Alberto no perdió por completo el sentido durante todo el tiempo que estuvo débil. Era un estado febril, acompañado de delirio y semiinconsciencia. Al abrir los ojos vio su imagen reflejada en el espejo: en esa habitación blanca y limpia estaba un hombre extremadamente delgado, con una mirada vacía y un rostro que mostraba cansancio, apenas si se reconocía. Ahora con la soledad del hospital y el frío en el cuerpo, los recuerdos del pasado y la incertidumbre del presente se mostraban ahora con una claridad aterradora. Era la madrugada.
Josefa-niña aparecía sonriente, bella y feliz recogiendo caracoles en el río, contándolos y diciéndole que no se conformaría con los ocho moluscos sino que atraparía quince… al recordar este episodio se dio cuenta de que esa había sido una de las causas por las cuales había terminado su matrimonio: el espíritu inconforme de Josefa, su carácter competitivo y liberal que si bien en un principio le habían agradado terminaron por cansarle, y entonces vinieron los reproches, las discusiones y, por último, la separación.
El llanto de una mujer con una niña en brazos le hizo voltear la cabeza hacia la puerta abierta. El movimiento en el pasillo, de la gente que entraba y salía era constante. La señora suplicaba que atendieran a su hija. La niña, al igual que la madre, lloraba con fuertes gritos.
¿Qué había pasado? Había huido de su mujer, había abandonado a Fabiola, su hija pequeña, y a María, la mayor, la había perdido para siempre. ¿Qué sería de ella de seguir viva? …¿una enfermera, como la había imaginado en su delirio? La culpa es, quizás, la tortura más intensa que puede soportar el alma de un ser humano y Alberto seguía sintiéndose culpable.
¡Cuánto sufrimiento albergaba su corazón! Recordaba a Josefa y a sus hijas, especialmente a María, a veces con buenos recuerdos pero también con imágenes sin sentido que se sucedían una tras de otra sin ninguna razón. La idea de oír los colores y ver los sentidos se desvanecían ya en la reflexión. ¿Cuándo había comenzado su desgracia? ¿había sido cuando se separó de su esposa?… ¿en donde habían quedado sus sueños?…¿los seguía teniendo?
Alberto apenas volteó cuando el médico entró a la habitación. comenzaba a reaccionar a los cuidados y medicamentos pero se encontraba indiferente a cualquier visita y comentario. Como en un sueño escuchó las recomendaciones con respecto a su manera de beber y a las sustancias que ingería.
People are strange when you're a stranger
Faces look ugly when you're alone
Women seem wicked when you're unwanted
Streets are uneven when you're down
Alberto sonrió estúpidamente todavía bajo el sopor de las drogas, sumido aún en el concierto de Jim Morrison, los tragos y el ácido ingerido.
When you're strange
Faces come out of the rain
When you're strange
No one remembers your name
When you're strange
When you're strange
A lo lejos escuchó una voz varonil que decía:
—Leí su novela –expresó el doctor, ya dirigiéndose a la salida –me gustó mucho. Jamás hubiera imaginado conocer a su autor y mucho menos en esta embarazosa situación – oyó que decía al cerrar la puerta. “¿Embarazosa?” Obviamente lo era, él, postrado en la cama sin voluntad alguna, sin poder largarse de allí. Sí, era una situación aplastante puesto que llevaba dos días en el hospital y se sentía débil y deprimido. ¿Volvería a adquirir lo que había perdido?, ¿volvería a encontrar la felicidad? Su pasado siempre estaba presente.
Alberto se encontraba de pronto cuestionándose todo: pensando cada uno de sus actos. Durante esos dos días las imágenes de su pasado lograban que sus pensamientos y sentimientos se dispararan. ¿Qué le estaba pasando ahora? Toda acción iba precedida por un pensamiento. Alberto estuvo mucho tiempo actuando de acuerdo a impulsos violentos que no había podido reprimir y que le habían traído grandes pérdidas. Había abandonado a su esposa e hija sin pensarlo mucho y quizá las había perdido para siempre. Había abandonado su país llevándose a su hija mayor a quien jamás volvería a ver. Había llegado a México y ejercido su profesión de periodista soportando a su editor que le exigía siempre prontitud y eficacia… ¿qué diría Juan, su jefe, si supiera el exceso de tequilas, whisky y LSD que ingirió durante días?
Algo en su interior le decía que había que retomar su vida, no podía seguir así. Al paso que iba terminaría completamente solo y en la ruina. Ya había perdido a su familia, ya había perdido muchas de sus ilusiones y ahora se encontraba a punto de perder el trabajo.
Recordó la entrevista realizada a Morrison y decidió esmerarse con ese trabajo para entregarlo a tiempo, con suerte su editor omitiría su prolongada ausencia.
Volvería a intentarlo. Esta era una segunda oportunidad. Dedicaría a partir de ahora todo su tiempo en escribir la novela de su vida, con el virtuosismo de ver el mundo con su mirada, una novela que mostrara sus sentimientos abigarrados y desorientados pensamientos, una novela que explorara los paisajes humanos desde el más vil de los actos hasta la más humana y estimulante caricia, que mostrara al hombre con virtudes pero también con sus defectos; pues en ello radicaba la débil definición de lo humano…Comenzaría de nuevo. Ahora estaba decidido a recobrar lo perdido: sus ilusiones estaban fijas en esto… (2004)

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