La pintura mural mexicana

El siglo XX resultó generoso con México en el campo del arte ya que décadas posteriores a la Revolución se produjo el movimiento que revivió la pintura mural y que creó grandes obras que cuentan como un capítulo fundamental y brillante de la historia.

El movimiento tiene ante todo una importancia artística, estética y espiritual al poseer un carácter crítico histórico, filosófico y de un sentido profundamente humanista y universal, pues pese a las diferencias entre los diversos pintores como Diego Rivera, José Clemente Orozco, David Alfaro Siqueiros y Rufino Tamayo; se trató de hacer un arte mexicano al recoger y renovar una tradición nacionalista, un arte que implicó una reflexión sobre la historia y la realidad social del país, un arte público y por eso necesariamente documental y didáctico, capaz de que la gente tomara conciencia de su situación para llevar más adelante la causa revolucionaria.

Este arte encontró formas nuevas y particulares de expresión. Surgió así el clasicismo nuevo de Rivera y el arte barroco y trágico de Orozco; el dramatismo y fuerza de Siqueiros y el clasicismo tan personal de Tamayo que fueron expresiones de la más alta categoría artística y estética en el panorama mundial del arte de nuestro tiempo.

El nuevo arte mexicano se delineó a partir de 1921 y coincide con el triunfo de la Revolución, dando la posibilidad de que las nuevas formas artísticas se hicieran presentes. También resultó posible la realización de proyectos culturales nacionalistas planteados por los liberales desde el triunfo de la República en 1867 y a lo largo del porfirismo, y en este sentido representa una forma de continuidad; que por otra parte es, al mismo tiempo, una versión mexicana del fenómeno de renovación general de la cultura y del arte. Se trató, pues, de un hecho cuyos componentes fueron diversos y ajenos entre sí, pero que todos confluían admirablemente a la aparición de lo que se ha llamado la "escuela mexicana" y el muralismo.

El arte mexicano contemporáneo ha podido expresar así su ser universal al contener un humanismo que desborda de toda limitación provinciana pues su tema central es el hombre, el pasado, presente y futuro de la existencia humana. Por eso tiene una alta calidad moral y una espiritualidad que por fortuna se manifiesta en grandes y elevadas formas estéticas.

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