El poeta
- Yo quiero ser poeta –y el golpe se estrelló en su cara. Sorprendido permaneció en silencio. Luego de recuperarse del asombro y dolor, su voz grave y fuerte volvió a decir – Padre, yo quiero ser poeta— y el golpe volvió, esta vez más fuerte y preciso se estrelló en la mejilla izquierda. –Poeta— replicó él sin retractarse y en una posición de valentía ante el padre molesto quien soltó un tercer golpe que se impactó ahora en la nariz del joven. La sangre brotó rebeldemente con fuerza.
- Quiero ser poeta— dijo limpiándose el rostro con el dorso de su mano, con su voz firme y grave. El padre lo miró confuso y desorientado. Aquel niño al que solía golpear se mostraba firme en su decisión, entonces lloró el padre sin poder contenerse, lloró como llora un niño al romperle las ilusiones, lloró en un llanto incontrolable.
Sí, sí, sí, su hijo iba a ser poeta… ya no había remedio.

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