El indulto

Cuentan que el rey de Creta para apartar la vergüenza de la cual fue objeto con relación al Minotauro ofreció una gran fiesta en donde la criatura sería sacrificada. Acudieron a Creta hombres y mujeres de Atenas, Corinto, Asia, Aretusa y demás lugares para presenciar la muerte de la bestia mitad toro, mitad humana.




Inicia la fiesta con gran entusiasmo y música. Minos se muestra feliz y cordial mientras Pasifae permanece pálida; los invitados la cuestionan sobre el origen del Minotauro sin recibir respuesta.

¾Te ruego oh Minos que detengas mi sufrimiento¾ le susurra Pasifae al rey¾ Júpiter es testigo de que mi crimen ha recibido castigo al haber tenido este hijo ¿acaso no te das cuenta? Detén esta locura de sacrificar a un ser que no te pertenece. Te lo ruego, perdona a mi hijo…

Minos mira a su esposa con detenimiento, Pasifae llora inconsolablemente después de haber hablado con voz dulce y haber llorado lágrimas amargas que han conmovido a las rocas de los muros. Su dolor y vergüenza es enorme. Minos mira a su alrededor…

Mandó Minos realizar la construcción de una plaza con un ruedo lleno de arena para que la bestia encuentre una cómoda muerte. Acomodados en los asientos, los visitantes aplauden y ríen complacidos por las atenciones de las que son objeto. Minos sonríe y responde en voz baja:

¾Bien sabes esposa mía que no permitiré que nadie se burle de mí, Minos rey de Creta. Tu adulterio ha sido castigado por los dioses al darte a esa bestia. La muerte de tu hijo te enseñará lo qué es sufrimiento. Sólo los dioses saben quien ha sido tu cómplice. Guarda tus maldiciones y lamentos para la bestia.

Se abre una puerta y sale el Minotauro. Un grito de asombro llena la plaza. La gente grita horrorizada al ver al monstruo biforme.

Si miramos sólo el cuerpo vemos una extraordinaria anatomía humana, los músculos se definen con claridad: es proporcionado, esbelto y bronceado. Está desnudo y eso lo hace más bello pese a que su torso muestra las huellas de los castigos recibidos por sus cuidadores. Cualquiera pensaría que se trata de Apolo por su belleza de no ser por su cabeza. Es una cabeza magnífica de toro, negra, de gran papada con unos ojos pequeños que no se cierran nunca y grandes cuernos que son blancos y que brillan con el sol. Su expresión es dura y rebelde.

Minos ordena a uno de los hombres guerreros dar muerte a la bestia clavándole una espada en el corazón. El guerrero obedece y empuñando el arma se dirige a la víctima. El Minotauro permanece inmóvil pero alerta y luego obliga al de la espada a correr para librarse del ataque que emprendió en su contra, buscando hacer contacto con sus grandes cuernos blancos que resplandecen con el sol.

Una vez recuperado del susto, el hombre se dirige nuevamente hacia la bestia, esta vez con la capa sirviéndole de refugio. En la mano derecha empuña la espada y con la izquierda una roja capa; más luego comprende que el Minotauro no ha quitado la mirada de la espada oliendo su peligrosidad. Decide entonces el guerrero ocultar la espada cubriéndola con la capa.

El monstruo biforme se acerca al hombre con deseos de herirle, el guerrero con la capa le distrae a su izquierda y luego a su derecha. La gente permanece quieta, asombrada de la bravura del Minotauro y sus hermosos cuernos que brillan con el sol.

Una, dos, tres veces el hombre engaña con la capa al monstruo que no rehuye. Minos está sorprendido, es la segunda vez que ve a la bestia, la primera fue cuando lo vio nacer. Quería sentir odio y rabia hacia el Minotauro pero no, no, sólo sentía asombro y curiosidad como el que ahora siente al ver que la bestia se defiende.

Pasifae al ver a su hijo defenderse, se arma de valor y grita para ser escuchada por todos:

¾El Minotauro es mi hijo, es mi hijo¾ se oyen exclamaciones de asombro, horror y reproche¾ sí, es el hijo que parí. Tú, rey de Creta¾ dice dirigiéndose a Minos¾ Tú eres cruel y feroz ¿es qué no te das cuenta? ¿no lo entiendes? ¾Pasifae llora inconsolablemente.

Todo es confusión, la gente reprocha a ésta su adulterio pero también la crueldad de Minos.

¾Ni siquiera sientes odio por el Minotauro, nada sientes por él… ¿Acaso no fue tu madre Europa engañada por Júpiter transformado en toro? ¿Por qué quieres matar al Minotauro? ¿Qué castigo más puedo recibir luego de haber dado a luz a una bestia?

La plaza se llena de silencios. Alguien susurra que quizá Minos no sea hijo de Europa y Júpiter sino de la Sirte y de un toro verdadero por la crueldad que muestra el rey. Todos oyen las quedas palabras y hasta los oídos del rey cretense llegan. Minos palidece.

Mientras, en el ruedo la lucha continua. El Minotauro se ha cansado y resopla con dificultad. El hombre descubre la espada y oye un grito unísono de “no lo mates”. El guerrero permanece inmóvil ante el grito que se acrecienta “no lo mates”, “no lo mates”. El guerrero espera órdenes, en los ojos de Minos aparece una lágrima que rueda por sus mejillas sin ser secada. El rey de Creta no ha dejado de pensar en el por qué no siente odio hacia el Minotauro. ¿Seré hijo de la Sirte? ¾ se pregunta con horror.

Pasifae continúa con su llanto. El guerrero se apresta para atravesar el corazón de la bestia que ha demostrado ser brava y fuerte. Minos saca un pañuelo blanco y seca la lágrima que resbala por su rostro.

¾Ya no es un secreto la deshonra de mi reino ¾dice Minos a los invitados¾ ya lo han escuchado por voz de Pasifae, mi amada esposa me engañó… Minos, el rey fue reemplazado por un toro y el Minotauro es fruto de un crimen y una vergüenza que mancha para siempre nuestra casa y reino… Hoy he querido sacrificar a la bestia para borrar la deshonra… sin embargo…

La gente se encuentra conmovida por las palabras sinceras de Minos. Minos es cruel y feroz pero su sinceridad asombra a muchos de los presentes que sacan sus pañuelos para secar las lágrimas que brotan con naturalidad. La plaza está llena de pañuelos blancos que ondean con el viento. El guerrero comprende que se ha indultado a la bestia y sale del ruedo entre aplausos.

Cuentan que después Minos decidió encerrar al Minotauro en un edificio complicado y múltiple construido por Dédalo, en él fue encerrada la bestia siendo alimentado con jóvenes atenienses que por sorteo se le entregaban cada nueve años.

Esta ha sido pues la historia del indulto del Minotauro, del monstruo biforme, mitad humano, mitad bestia que fue perdonado en el ruedo, de la bestia con enormes cuernos blancos que brillaran con el sol y que Teseo conserva aún como recuerdo de su triunfo.


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